El huevo, de Andy Weir

(Actualizado)

Me gustaría aprovechar esta entrada para comentar que desde hace ya unas semanas existe una versión en audio de este mismo blog. Este Antiegos Podcast tiene ya publicados dos programas (los podéis escuchar aquí y aquí) y un tercero que está en camino. Debería haber actualizado mucho antes este blog para informar de ello en condiciones, pero, ya que dicen eso de “nunca es tarde de la dicha es buena”, o algo así, me voy a aferrar al refranero español para justificar este retraso.

Precisamente, en este tercer programa que se publicará mañana o, como mucho, pasado, que puedes escuchar aquí, hablamos del libro “El marciano”, de Andy Weir, una novela que se ha convertido en best-seller en tiempo record después de que su autor la publicase en Amazon y que ya ha pasado a formar parte de esas historias de éxito por talento que tanto les gustan a los norteamericanos. No solo hablamos de la novela ya que dedicamos la segunda parte del programa a hablar de la muy reciente adaptación cinematográfica que ha dirigido Ridley Scott y que, siguiendo la estela de éxito del libro, está haciendo unas cifras de taquilla verdaderamente espectaculares.

The martian - Antiegos

En el programa, hablando del trabajo de Weir, comentamos que existe un relato corto del autor que es bastante interesante. En principio, al ser tan breve, pensamos en locutarlo e incluirlo dentro de propio podcast pero, finalmente, decidimos que lo mejor era no alargar en exceso el audio y que, probablemente, el relato era más disfrutable en su formato escrito.

Así que, después de este rollo de excusa, justificaciones y explicaciones sesgadas o dejo, a continuación el cuento “El huevo”, de Andy Weir. Que lo disfrutéis y no olvidéis pasaros por el podcast, escucharnos y, por favor, dejar vuestras impresiones. 🙂

El Huevo, de Andy Weir

Robado sin pudor del blog de Ponzonha, de quien es la traducción.

__

Ibas de camino a casa cuando moriste.

Fue en un accidente de coche como otro cualquiera. Nada especial, pero fatal de todas formas. Dejaste una viuda y dos huérfanos. Fue una muerte indolora. Los servicios de emergencia hicieron lo posible por salvarte, pero fue inútil. Tu cuerpo estaba tan destrozado que estás mejor así, créeme.

Y en ese momento es cuando me conociste.

“¿Qué? ¿Qué ha pasado? Preguntaste. “¿Dónde estoy?”

“Has muerto” dije tranquilamente, nunca me gustó suavizar las cosas.

“Había un… un camión y estaba derrapando…”

“Sí,” dije.

“Yo… ¿Estoy muerto?”

“Sí. Pero no te sientas mal. Todo el mundo muere.” Dije.

Miraste alrededor. No había nada. Solo tú y yo. “¿Qué es este lugar?” Preguntaste. “¿Es esto el más allá?”

“Más o menos,” dije.

“¿Eres dios?” Preguntaste.

“Sip,” Dije. “Soy Dios.”

“Mis hijos… mi esposa…” dijiste.

“¿Qué quieres saber?”

“¿Estarán bien?”

“Eso es lo que me gusta” Dije. “Acabas de morir y tu principal preocupación es tu familia. Eso es ser bueno”

Me miraste con fascinación. Para tí yo no tenía pinta de Dios. Aparentaba ser como cualquier otro hombre. O como una mujer. A lo mejor una figura de autoridad. Más como un maestro de escuela que como El Todopoderoso.

“No te preocupes” Te dije. “Estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto en todos los sentidos. No tuvieron tiempo suficiente como para empezar a despreciarte. Tu mujer llorará de puertas afuera, pero estará secretamente aliviada. Para serte sincero, tu matrimonio se iba a pique. Si te sirve de consuelo, se sentirá culpable de ese sentimiento de alivio”.

“Oh” dijiste “¿Qué pasa ahora? ¿Voy a ir al cielo, al infierno o a algo así?”

“Nada de eso” dije. “Vas a reencarnarte”.

“Ah, o sea que los Hindúes aciertan”.

“Todas las religiones tienen razón, cada una a su manera” dije. “Demos un paseo”.

Me seguiste mientras caminábamos por el vacío.

“¿Adónde vamos?”

“A ninguna parte en concreto. Es que es agradable hablar mientras caminamos”

“Entonces… ¿Cómo va esto?” Preguntaste. “Cuando nazca estaré vacío ¿No? Un bebé. Todas las experiencias y todo lo que he vivido en esta vida no habrán importado”.

“¡De ninguna manera!” Te aseguré “Dentro de ti están todos los conocimientos y las experiencias de tus vidas pasadas. Lo que ocurre es que no los recuerdas”

Dejé de caminar y te cogí por los hombros. “Tu alma es más maravillosa, bella y grandiosa de lo que puedas imaginar. Una mente humana sólo podría contener una pequeña fracción de lo que tú eres. Es como meter el dedo en un vaso de agua para saber si está caliente o fría. Pones una parte de ti en el vaso y cuando la sacas ya tienes todas las experiencias que tenía”.

“Has estado en un humano durante los últimos 48 años, así que no te has desperezado todavía y no has sentido tu inmensa consciencia. Si nos quedáramos aquí tiempo suficiente, empezarías a recordarlo todo. Pero no tiene sentido hacerlo entre cada vida”.

“Entonces, ¿Cuántas veces me he reencarnado ya?”

“Oh, muchas. Muchísimas. Y en muchas vidas diferentes”. Dije. “Esta vez vas a ser una campesina china en el 540 a. C.”

“¿Cómo? ¿Qué?”. Balbuceaste. “¿Me mandas atrás en el tiempo?”

“Bueno, supongo que técnicamente sí. El tiempo tal y como lo conoces sólo existe en tu universo. Las cosas son diferentes de donde yo vengo.”

“¿De donde vienes?” Me preguntaste.

“Oh, bueno” expliqué. “Yo vengo de un sitio. De otro sitio. Y hay otros como yo. Sé que te gustaría saber como es aquello, pero honestamente, no creo que lo entendieses”.

“Ah,” estabas decepcionado. “Pero espera. Si me reencarno en otros sitios y en otras épocas, podría haber interactuado conmigo mismo en algún momento”.

“Sí, seguro. Pasa continuamente. Y como cada una de las vidas sólo es consciente de sí misma, ni siquiera te enterarás de lo que está ocurriendo”

“¿Entonces cuál es el propósito de todo esto?

“¿En serio?” Pregunté. “¿En serio me preguntas cuál es el sentido de la Vida? ¿No es un topicazo?”

“Bueno, es una pregunta razonable” Insististe.

Te miré a los ojos. “El sentido de la Vida, la razón por la que he hecho todo este universo es para que crezcas”.

“¿Te refieres a la humanidad? ¿Quieres que maduremos?”

“No. Sólo tú. He hecho este universo para ti. Con cada nueva vida creces, maduras y te conviertes en un intelecto cada vez mayor y más grandioso”.

“¿Sólo yo? ¿Qué pasa con el resto de la gente?”

“No hay nadie más.” Afirmé. “En este universo solo estamos tú y yo”.

Me miraste fijamente. “Pero el resto de la gente…”

“Todos tú. Diferentes reencarnaciones de ti”.

“¿Cómo? ¿Soy todo el mundo?”

“Ya lo vas entendiendo” Dije mientras te felicitaba con una palmada en la espalda.

“¿Soy cada ser humano que ha vivido?”

“Y que vivirá, sí”

“¿Soy Julio César?”

“Y también eres Bruto” Añadí.

“Soy… ¿Hitler?” Dijiste con miedo.

“Y los millones a los que asesinó”

“¿Soy Jesús?”

“Y todos los que le siguieron.”

Te quedaste callado.

“Cada vez que torturabas a alguien” Te dije, “Te estabas torturando a tí mismo. Cada acto de amabilidad que has tenido, ha sido por ti. Cada momento feliz o triste experimentado por cualquier humano lo fue o será experimentado por ti”.

Te quedaste pensando largo rato.

“¿Por qué?” Me preguntaste. “¿Por qué haces esto?”

“Porque algún día, tu serás como yo. Porque eso es lo que eres. Eres uno de mi especie. Eres mi hijo”.

“Guau,” dijiste incrédulo. “¿Quieres decir que soy un dios?”

“No. Todavía no. Eres un feto que todavía está creciendo. Cuando hayas vivido cada vida humana posible, habrás crecido lo suficiente para nacer”.

“O sea que todo el universo no es más que…”

“Un huevo” Te respondí. “Ahora es el momento de que vayas a tu siguiente vida”.

Y te envié a tu destino.

Antiegos Podcast

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