Trabajar en un cine: El caso del padre cachas

Domingo, cuatro de la tarde, acabamos de levantar las persianas del cine y un grupo de gente ya espera para entrar. Hace una tarde calurosa pero el sol no termina de salir. La amenaza de la lluvia unida al bochorno y la humedad invitan a la gente a refugiarse bajo el aire acondicionado del centro comercial. La mayoría de ellos llegan en shorts, tirantes y chanclas de dedo así que me adelanto a las quejas y entro al despacho a subir un poco la temperatura del hall. Cuando vuelvo a salir algo en la barra me llama la atención. Una niña de unos once años lleva algo en su regazo, juraría que blanco y peludo. Lo he visto de refilón y ahora la niña está de espaldas. ¡Maldición!

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El adulto que la acompaña, su padre, supongo, es un hombre de unos treinta y tantos al que a juzgar por lo ajustado de su camiseta, le gusta demostrar que además de alto está mazas. Con su gorrita blanca y sus pantalones vaporosos parece un gogó o un stripper. Probablemente sea ambas cosas. Mientras oteo desde la distancia lo que lleva la niña en brazos veo que el hombre, con una sonrisa de medio lado, pide a la empleada de barra un cartón de palomitas grande y dos bebidas medianas. El pedido se le sirve y justo en el momento en que el hombre lo coge haciendo gala de sus bíceps y su socarronería ante la perpleja empleada, la niña se gira y lo veo. ¡Es un hurón albino! Sí, un hurón blanco con los ojos rojos. La niña lo acaricia con cariño mientras le habla. Seguro que es la primera vez que va al cine. El hurón, digo.

No quiero adelantarme, a lo mejor solo han entrado a comprar palomitas y se van a casa. Pero no, el hombre, la niña y el hurón se dirigen a la entrada de las salas. Salgo corriendo hacia allí y llego en el momento en que el acomodador le está diciendo al cachas que el animal no puede entrar. ¿Cómo que no?, dice el otro. Me cruzo y con una sonrisa le digo que no se trata solamente de una norma del cine ya que la entrada de animales no está permitida en todo el centro comercial. El tipo poniéndose nervioso me dice lo de siempre, que él no ha visto que haya ningún cartel y que le da igual, que él va a entrar de todas maneras. Le insisto en que no puedo hacer nada y le digo que lo siento mucho pero que no es posible. A todo esto, la gente se empieza a acumular tras él y a medida que se percatan de la presencia del animal van poniendo caras. Empiezo a oír comentarios del tipo “como dejen entrar el bicho es para denunciarlos” o “si entra la rata que nos devuelvan el dinero”.

El tipo hace amago de entrar a la fuerza y entre el acomodador y yo hacemos una ridícula melé. El mazas deja las palomitas y la bebida en el mueblecito y le da un fuerte golpe con la mano abierta. ¡¡¿Y un peluche, dejas entrar a una niña con un peluche?!!, dice. Le digo que un hurón es un animal y que no es lo mismo. Con un grito que me hace dar un bote me dice que qué pretendo que haga, ¿que lo tire por el hueco de la escalera? Uf, la gente se arremolina en la entrada y la niña empieza a tirar de la camiseta del tipo diciéndole que no pasa nada, que da igual. Examino mis sentimientos: ternura y lástima por la niña y el animal (el hurón, digo), preocupación por la cantidad de gente que no puede entrar y que se está poniendo nerviosa y sobre todo miedo del energúmeno musculoso que se está poniendo rojo y, claramente, cada vez tiene más ganas de partirme la cara.

Le vuelvo a decir que lo siento, que no es posible y cuando estoy a un plís de llamar a seguridad (odio llamar a seguridad cuando hay niños delante pero os sorprendería la cantidad de gente que sin ningún pudor usa a sus hijos para aprovecharse de ciertas situaciones) me dice que él sí que lo siente, que le he estropeado la tarde a su hija y que atomarporculo o algo así. Se van con las palomitas y la bebida, él iracundo y la niña compungida, cosa que me rompe el corazón. La pobre niña no tiene la culpa de tener un padre gilipollas. La gente empieza a entrar y nos van dando su opinión mientras van pasando. Mañana podrán contar una anécdota en el trabajo.
Más tarde le pregunto al acomodador y me dice que volvieron a los cinco minutos sin el hurón. No sé si lo dejarían en el coche o si lo llevarían escondido y sinceramente prefiero no saberlo. Cuando trabajo, obviamente, tengo que cumplir con las normas que dicta la empresa ya que me pagan por ello. Puedo estar más de acuerdo con unas que con otras y puede que, en ocasiones y si es posible, sea algo transigente con situaciones muy concretas. Pero que alguien decida que no pasa nada por llevar un animal al cine es de ser muy, pero que muy gilipollas.

30 Respuestas a “Trabajar en un cine: El caso del padre cachas

  1. Ala, pobre niña, qué padre más imbécil.
    Si se hubiese parado a pensar, se habría dado cuenta de que no es de recibo llevar una mascota al cine… y le habría evitado a su hija el mal rato.

    Salu2

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  2. No sabía que trabajases en un cine.

    Jeje ya nos irás contando más anécdotas porque fijo que te salen cientos.

    Me alegro de que se imponga el orden en tu cine, porque es una vergüenza ver a muchos «acomodadores» los cuales si hay algún pesado en la sala no entran jamás.

    Para ir al cine, como en la vida, habría que tener un poco de educación, y lamentablemente mucha gente no la tiene o no le sale de los huevos comportarse.

    ¿Qué película iban a ver????

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  3. Como me asquea la gente así.

    Lo del peluche me ha traido a la memoria aquellas escenas de Regreso Al Futuro en las que Biff cogia a alguien y le daba capones en la cabeza mientras decia: «hola, hola, ¿hay alguien en casa?». ¿Por qué será?

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  4. Si en el momento de máximo apogeo a la niña se le escapa el hurón en el hall, os toca llamar al SAMU para que vengan a reanimarte.

    Yo no creo que el mundo esté lleno de capullos pero parece que, los que hay, van al cine en el que tú trabajas. ¡Vaya panorama, ché!

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  5. La verdad es que pese a haber trabajado allí, la anécdota que cuentas es bien digna del post.

    Animales… creo que eso no tiene precedente, que yo sepa.

    Y encima un hurón blanco, qué cosas.

    Un saludo!

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  6. Bastante es aguantar a la gente zampando palomitas con la boca abierta como cerdos para que encima venga un hurón a morderte las bolas en pleno clímax de la peli.

    Seguro que iban a ver Kung Fu panda

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  7. ¿y los sentimientos del padre? ¿nadie piensa en los sentimientos del padre? todas esas horas invertidas en el gimnasio, todos esos concentrados proteinicos, el esfuerzo de meterse en una camiseta cuatro tallas más pequeñas para ni siquiera poder intimidar a los dos piltrafillas del cine (con todos mis respetos para el acomodador, al que no conozco)… de todos los personajes de la historia, el que más sufrió fue sin duda el padre.

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  8. Muy bien hecho si señor. No te imaginaba tan valiente ante semejante mazas. Lo dejarian en el coche abrasandose?

    Veo q ultimamente casi vamos a la zaga en eso de actualizar blogs eh?

    Me ha extrañado q no pusieras el nuevo triler de spirt o las fotos del nuevo HP. Pero t comprendo.

    Salu2

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  9. Vaaaaaya tela como está la gente. Se trae el huron pero se deja el sentido común encima del piano.

    Por cierto ¿como es eso que ya no son numeradas las sesiones? ¿La gente seguia sin enterarse de cual era la fila 11, la de arriba o la de abajo?
    Conste que a nosotros, plin, fuimos, elegimos sitio, nos sentamos y vimos el flin.

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  10. Lidia: Sí, hija mía, tú lo sabes bien que también has tenido que lidiar (nunca mejor dicho) durante mucho tiempo con energúmenos y energúmenas.

    Carabiru: Es lo que tiene, que todavía hay mucha gente que no piensa las cosas, ni por sus hijos, parece ser.

    Al: Pues sí, amigo, para bien o para mal soy gerente de un multicine de once salas. Anécdotas tengo muchas y sí, creo que las iré contando por aquí. La película, como ya han apuntado por ahí, era Kung Fu Panda.

    Pablo: Eso me gustaría hacer a mi en ciertas ocasiones, en plab Biff, cuando alguien se pone muy insoportable por una chorradas. También he de decir, en honor a la verdad, que no todo el mundo es así y que hay gente amable y considerada.

    Ruth: En el hall no se, pero si el hurón se escapa en la sala… no quiero ni pensarlo.

    Jorge: Pues no, no tiene precedente, al menos estando yo de gerente. Tú también podrías contar más de una gorda.

    Javi-S: Acertaste, Kung Fu Panda.

    Budokan: La verdad es que, supongo que como en todos los trabajos, la mayoría del tiempo no lo paso bien. Aunque de vez en cuando…

    Juanma: Claro, yo tuve en cuenta sus sentimientos (ya se sabes, los macarras también lloran) pero es que estaba atado de manos y pies.

    Chema: No, es que tienes razón. ¿No se hacen películas en las que los protas son animales? Entonces, ¿porqué no les dejan ir a verlas? Diles a tus gatos que la serie es mejor, hombre, y la pueden ver por la tele.

    Scry: Un poema seguro. Si he de ser sincero, me alegro de no verme la cara en esas situaciones por que no sé si podría volver al trabajo.

    Dude: No es una cuestión de valentía, créeme, es más un profundo sentimiento de la responsabilidad, cosa que un día de estos me hará ganarme un mantecao. Sí, vamos a la zaga, sí. Es que el verano es mu puto.

    Galahan: XDDD Digno del más puro estilo Gal.

    Herrdoktor: Encima del piano o debajo, cualquiera sabe. Lo de las sesiones sin numerar es cosa de la empresa. De ese tipo de cosas que no se molestan en explicarte.

    Negra: La había elegido el hurón seguro. La peli de animalitos Kung Fu Panda.

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  11. Ángela: Bueno, de todos es sabido que la vida real, en ocasiones, es mucho más flipante y surrealista que la ficción. Mientras no lleguemos a las manos, por mi vale.

    Gal: Sí señor, las palmeras adecentadas y listas para pasar revista.

    Victoria: Pues sí, menos mal. Aunque supongo que en cualquier caso nunca hubiese llegado a tanto, para eso está la seguridad del centro comercial y otras cosas. Eso sí, no sería la primera vez que me lanzan la mano. Suerte que tengo buenos reflejos para esquivar.

    Vic: Anda, no lo conocía. Voy a curiosearlo.

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